jueves, 3 de julio de 2014

La princesa y el enano


Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años le hicieron una gran fiesta con trapecistas, magos, payasos. Pero la princesa se aburría. Entonces apareció un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. Sigue saltando por favor dijo la princesa, pero el enano ya no podía más, la princesa se puso muy triste y se largó a sus aposentos.

Al rato, el enano fue a buscarla convencido de que se iría a vivir con él al bosque, ella no es feliz aquí, pensaba el enano, yo la cuidaré y la haré reír siempre.

El enano recorrió palacio buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible, ante él había un monstruo con ojos torcidos y sanguinolentos, con las manos peludas y los pies enormes, el enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que era él mismo reflejado en un espejo, en ese momento entró la princesa con su séquito.

-!Ah, estás ahí! !Qué bien! Baila otra vez para mí por favor.
Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso.

-Ya no bailará más para vos, princesa. -Le dijo.
-¿Por qué?
-Porque se le ha roto el corazón.
Y la princesa contestó:
- De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio, no tengan corazón.

-Oscar Wilde.

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